El autismo es una condición del neurodesarrollo relacionada con diferencias en la forma en la que el cerebro se desarrolla y procesa la información. Puede manifestarse de formas muy diferentes y afectar a la comunicación e interacción social, intereses, comportamientos, y la manera de percibir el entorno. Se habla de espectro porque no existe una única forma de autismo: cada persona presenta unas características, capacidades y, lo más importante, unas necesidades diferentes, que además pueden cambiar a lo largo de la vida.
La visibilidad del TEA en la era de las redes sociales
En una vida inmersa en las redes sociales, tal y como es ahora, el autismo ha adquirido una enorme visibilidad. Esta mayor exposición tiene indudables aspectos positivos: las familias reconocen señales, características, signos y dificultades que antes no se veían o pasaban desapercibidas.
Sin embargo, ¿quién no se ha asustado al ver un vídeo de un influencer hablando sobre una condición o trastorno y pensar que eso mismo nos puede estar pasando a nosotros o a un familiar? ¿Quién no se ha asustado con las llamadas "red flags" (banderas rojas) y de repente las ha visto en sus propios hijos o en sí mismo? Es muy posible que estemos preocupándonos por comportamientos que son relativamente frecuentes durante el desarrollo infantil, y que acabemos vigilando excesivamente los comportamientos del niño.
Ante una preocupación razonable, la solución no debería ser acumular vídeos o listas de síntomas en internet, sino comentarlo con un profesional sanitario que sepa valorar el desarrollo de forma global.
El proceso de diagnóstico clínico y la importancia del apoyo
No existe un análisis de sangre, prueba genética o resonancia magnética que pueda diagnosticar el autismo. El diagnóstico es estrictamente clínico y necesita de una buena historia detallada basada en el desarrollo, observación y valoración especializada, pudiendo apoyarse en distintas herramientas estandarizadas.
En niños pequeños se utilizan cuestionarios de cribado que ayudan a identificar quién necesita una valoración más profunda. Una vez que se requiere atención especializada, entre las herramientas estandarizadas de referencia se encuentran el ADOS-2 y el ADI-R, y ninguna de ellas debe interpretarse de forma aislada.
En cuanto al tratamiento, es más apropiado hablar de apoyo e intervención. El objetivo no es "eliminar" la condición, sino favorecer y facilitar la comunicación, el aprendizaje, la autonomía, las relaciones y, en definitiva, la calidad de vida. Los medicamentos no tratan el autismo, aunque pueden ayudar si hay problemas asociados, como ansiedad, alteraciones del comportamiento, dificultad en la atención o trastornos del sueño, entre otras condiciones asociadas.