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Más allá de las palabras: Cómo la somatización y la tensión física revelan tu estado emocional.

María Marín

María Marín

Psicóloga | Col. M-39420 | 2026-09-07

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Más allá de las palabras: Cómo la somatización y la tensión física revelan tu estado emocional.

¿Alguna vez has notado un nudo constante en el estómago antes de una reunión importante, o esa rigidez persistente en los hombros que no desaparece ni con un fin de semana de descanso? Muchas personas llegan a consulta tras haber probado la terapia conversacional durante meses y, aunque comprenden perfectamente el origen de su malestar a nivel racional, sienten que su cuerpo sigue en un estado de alerta ininterrumpido.

La explicación es sencilla pero profunda: el estrés, la ansiedad y los eventos traumáticos no solo habitan en forma de pensamientos; quedan grabados en nuestra fisiología. Cuando nos enfocamos únicamente en la palabra, corremos el riesgo de ignorar la mitad de la ecuación. En el abordaje integrativo que propongo en la clínica Tranquilamente, unimos la psicología clínica con el movimiento consciente y la meditación para enviar señales de calma al organismo directamente desde la raíz fisiológica.

Dimensión Mental: La trampa del análisis hiperracional

Cuando atravesamos periodos de ansiedad, nuestra mente intenta «resolver» el dolor emocional pensando más. Caemos en bucles de rumiación, análisis constante o hipervigilancia, creyendo que si le damos una vuelta más al problema encontraremos la solución.

Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que cuando el centro de amenaza del cerebro (la amígdala) está sobreactivado, las áreas corticales encargadas del razonamiento lógico se inhiben parcialmente. Pretender razonar con un sistema nervioso desregulado es como intentar apagar un fuego explicándole a las llamas por qué no deberían quemar. La mente no puede calmarse a sí misma mientras el cuerpo siga enviando señales de peligro de forma ininterrumpida.

Dimensión Física: El cuerpo como mapa del sistema nervioso

Las emociones no son construcciones abstractas: son respuestas neuroquímicas y físicas. Según la Teoría Polivagal, desarrollada por el Dr. Stephen Porges, nuestro nervio vago evalúa constantemente el entorno en busca de señales de seguridad o amenaza. Si percibimos un peligro sostenido (laboral, relacional o emocional), el sistema nervioso simpático activa la respuesta de lucha o huida, tensionando la musculatura, acelerando el pulso y contrayendo la respiración.

Si esta activación no se libera, se traduce en somatizaciones: bruxismo, migrañas, tensión cervical crónica o problemas digestivos. Aquí es donde el yoga sensible y la respiración consciente (pranayama) actúan como una vía de comunicación bidireccional. A través de posturas sostenidas con suavidad, estiramientos específicos y exhalaciones prolongadas, activamos la rama parasimpática (el «freno de mano» del organismo). No le decimos al cuerpo que se relaje con palabras; se lo demostramos a través del movimiento y el aire.

Dimensión Emocional: Liberar la memoria somática sin juicio

A menudo nos desconectamos de nuestras sensaciones corporales porque nos resultan incómodas. Evitamos sentir la opresión en el pecho o el vacío en el abdomen, interrumpiendo el flujo natural de la emoción. Como señala el psiquiatra Bessel van der Kolk en sus investigaciones sobre el impacto del trauma en la fisiología, el cuerpo guarda una memoria exacta de nuestras vivencias emocionales que la mente racional intenta reprimir.

Al integrar la meditación y la conciencia corporal (interocepción), aprendemos a observar las sensaciones incómodas sin juzgarlas como «malas» ni intentar cambiarlas inmediatamente. La práctica nos permite sostener esa emoción en un entorno seguro. Al permitir que la sensación física complete su ciclo biológico, la carga emocional se disipa, abriendo espacio para la autoregulacion y la paz mental.

Una práctica breve: El ancla de la exhalación (2 minutos)

Si en este momento notas tensión física o rumiación mental, prueba este breve ejercicio:

- Escanea: Lleva tu atención a la mandíbula, los hombros y el vientre. Suelta la mordida y deja caer los hombros hacia abajo.

- Inhala: Toma aire por la nariz en 4 tiempos, sintiendo cómo se expande suavemente el abdomen.

- Exhala: Deja salir el aire lentamente por la boca en 6 u 8 tiempos, como si soplaras por una pajita.

- Observa: Repite durante 5 ciclos respiratorios. Al hacer la exhalación más larga que la inhalación, le indicas directamente a tu nervio vago que es seguro relajarse.

En Tranquilamente, entendemos la salud mental como una experiencia integral. Acompañar el proceso terapéutico desde la palabra, el movimiento y la respiración nos permite sanar no solo lo que piensas, sino también cómo lo vives en tu propio cuerpo.

Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. W. W. Norton & Company.

Van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking.

Payne, P., Levine, P. A., & Crane-Godreau, M. A. (2015). Somatic experiencing: using interoception and proprioception as core mechanisms of change in trauma therapy. Frontiers in Psychology, 6, 93.

María Marín

¿Sientes que la ansiedad o la angustia condicionan tu bienestar diario? Un abordaje médico y terapéutico adecuado te ayuda a recuperar la calma.

María Marín · Psicóloga (Col. Nº M-39420)
Madrid (Paseo de la Habana) y Majadahonda. Consulta presencial o videollamada.

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